Cultura Libre y Educación

El cambio digital viene a marcha forzada y amenaza cambiarlo todo. La educación, liderando el proceso o a empujones de los estudiantes, también es forzada a acompañar. La transformación avanza por varios frentes que tienen que ver con la informática y sus propias lógicas. Y la cultura libre, ¿qué espacio tiene en la educación que llega?

Netbooks, celulares inteligentes, Wikipedia son una realidad escolar. Ya no se habla más de ir a la biblioteca a buscar información (¿una actividad obsoleta?), sino de hacer búsquedas significativas y compartirlas. ¿Hasta qué punto los docentes pueden, quieren y están en condiciones de acompañar a los alumnos en viaje hacia el mundo digital?

Hay algo que está ocurriendo en la actualidad que es muy fuerte: hasta los docentes más grandes están entrando a Facebook para ver fotos de secundario que suben sus compañeros”, ejemplifica Iris Fernández, licenciada en Educación, profesora de informática y militante del Software Libre (SL). La consecuencia es que de a poco se va naturalizando la posibilidad de compartir virtualmente distintos recursos, aunque, como reconoce Fernández, “el cambio más fuerte es el que se va dando con la llegada de las generaciones de docentes nativos digitales, los que usan Internet desde que tienen recuerdo”.

Es que más allá del desembarco de las computadoras en las aulas y el desafío tecnológico que implican, existe también la dificultad para adaptarse a la forma en la que circula el conocimiento en todos los ámbitos. La lógica de copiar, pegar y compartir es parte de muchas herramientas digitales, e implica un cambio de paradigma en el que compartir puede beneficiar a todos. “Los docentes a veces son reacios a compartir planificaciones o cursos que idearon porque tienen miedo de que se lo usen, pero, como en todas partes, hay gente que está entendiendo que si compartimos nos beneficiamos todos y los recursos quedan”, sintetiza Fernández, quien además de dar clases capacita a docentes.

El cambio se puede dar por varios caminos. Por ejemplo, en España la cultura libre es política de Estado y cuando se licita un software educativo, debe tener una licencia libre para que lo use quien lo desee. De esta manera la inversión inicial puede aprovecharse hasta el infinito. Argentina está a medio camino ya que Educ.ar, por ejemplo, usa licencias que permiten compartir los contenidos gratis a cualquier argentino, pero no a extranjeros.

El camino “desde arriba” es una de las formas del cambio, pero no la única porque hay un proceso de “apropiación de la tecnología en la que los mismos usuarios empiezan a utilizar herramientas para compartir y empujan el cambio desde abajo”, explica Fernández, quien también es miembro de gleducar.org.ar, el sitio de la fundación del mismo nombre que gestiona varios proyectos donde los docentes pueden discutir, subir planificaciones o aprender a manejar entornos educativos. “Nosotros tiramos muchos proyectos, pero lo que cuesta es adivinar cuáles son los que se van a usar. Por ejemplo, cuando lanzamos los cursos del entorno educativo Moodle estalló la gripe A y muchísimos docentes se interesaron por encontrar herramientas que permitieran mantener el contacto con sus alumnos.” En el sitio hay desde “recursos educativos” para las distintas materias que son subidos por los mismos usuarios, hasta cuentos con licencia libre grabados y listos para escuchar.

Fernández insiste en la cuestión de las licencias: “Los docentes están acostumbrados a juntar información de diarios, usar manuales y demás. Ahora toman de Internet y lo usan en un blog, muchas veces sin citas e infringiendo derechos de autor. Nosotros desde Gleducar intentamos que la gente vaya tomando conciencia y diferencie qué tipo de licencia tiene lo que suben y que libere su propia producción para que otros la puedan usar”.

Educación y Software Libre

El Software Libre es un buen modelo para un cambio de paradigma en la forma de producir a nivel social que permea muchas prácticas sociales (desde artísticas hasta productivas). Como explica Fernández, “si uno usa software privativo y algo no funciona, tiene que quejarse como consumidor a una empresa gigante. Si algo no funciona en SL enseguida puede buscar soluciones en foros, sugerir o realizar cambios para resolver, es decir, participar de las soluciones. Por ejemplo, cuando uno encontraba un error en la enciclopedia Encarta de Microsoft, se enojaba pero no podía hacer nada. Hoy en día, si encontrás un error en Wikipedia, lo editás y listo”. Otro ejemplo son las lenguas minoritarias que ninguna empresa hubiera rescatado del olvido y son registradas en forma comunitaria gracias a herramientas libres como Wikipedia.

El docente Alvar Maciel lideró una migración a SL en la escuela privada Aequalis y encontró que la resistencia no era tan grande: “La Cultura Libre como concepto es algo que se manejaba implícitamente, ya que todos los docentes eran consumidores de algún tipo de producto libre en Internet. La concientización de estas prácticas llegó a partir de la adopción de SL y lo que era implícito se tuvo que hacer explícito”. En esa escuela los docentes comparten archivos en la red interna para que otros los puedan usar y los alumnos hacen lo mismo con información que encuentran en la web por medio del sitio diigo.com, entre otros ejemplos. También los padres, luego de una explicación de las razones económicas, pedagógicas y hasta políticas de la elección de SL, se involucraron con el tema.

Esta diferencia entre ser un usuario que participa o que consume pasivamente lo que le dan es fundamental y ha generado polémicas en torno de la decisión de poner dos sistemas operativos (Linux y Windows) en las máquinas que el Estado argentino entrega a los estudiantes. La mayoría de los docentes se aferra a lo que conoce y los alumnos no se enteran de la opción libre, por lo que se forman como potenciales consumidores que pagan licencias (o, peor aún, potenciales piratas). Para Fernández “el problema es que la capacidad de lobby de las empresas es mucho mayor que la de los militantes del SL. Yo por eso hasta me alegré de que al menos trajeran la opción de Linux”.

Aunque la frase esté agotada, vale volver a decirlo: el futuro ya llegó. El tema es qué hacemos con él.

 

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