Aprender en libertad

Contrariamente a las conocidas prohibiciones y limitaciones impuestas por las licencias del software privativo, y la casi hegemónica utilización de los mismos en el sistema educativo, algunas escuelas y docentes de nuestro país se comprometieron con el camino del software libre por diversas razones.

La situación en las escuelas argentinas es crítica en relación a la formación en TICs. En este sentido, “los docentes son el grupo que más tardíamente logró la alfabetización digital” nos cuenta Eugenia Nuñez, maestra de informática y miembro de Gleducar“Diez años atrás no era frecuente el uso de la computadora en el día a día y menos aún la comunicación a través de Internet. Sólo un puñado de curiosos merodeaba los primeros foros, muchas veces técnicos, y comenzaba a contactar con pares de iguales inquietudes. En un grupo tan reducido era común cruzarse con colegas de varios continentes intercambiando materiales, ideas, formatos de trabajo e incluso realizando actividades en forma paralela en lugares distantes como podían ser un pueblo del interior de Argentina y una gran ciudad de la península ibérica. Los proyectos podían generase y concretarse en cualquier punto del planeta. Unos años más tarde, surgieron los sitios que ofrecían software para descargar y, a todo el intercambio que había, se sumaron los enlaces. Con este proceso se produjo en algunos de nosotros el descubrimiento de la existencia del software libre.”

Cuando las escuelas comenzaron a recibir computadoras, muchos docentes no tenían la formación integral para aprovecharlas plenamente y las autoridades educativas no pusieron el tema en su agenda de prioridades de formación pedagógica. La ausencia de políticas es también una política, que trae como con secuencia directa el fortalecimiento de una posición dominante de mercado de una empresa en un área estratégica como es la educación en nuevas tecnologías (TICs). Microsoft pasó a ser el gran formador de los docentes en Argentina, y lo sigue siendo. Los planes de formación docente están prácticamente dominados por una sola empresa, frente a lo cual, la adopción de software libre parece una quijotada.

Y tal vez ese sea el término que describe mejor el trabajo de la Escuela San Cayetano, en la localidad bonaerense de Carapachay, donde estudian jóvenes y adultos excluidos del sistema formal de educación que buscan una salida laboral. La Escuela se dedica a la formación para el trabajo, la formación en oficios, y es parte del Centro de Formación Profesional 401 de Vicente López, el más grande de la provincia de Buenos Aires. Es un centro que atiende a miles de personas de zonas donde la exclusión social, educativa y económica es la norma y no la excepción. En ese marco, la escuela decidió trabajar de manera integral con software libre.

“Los programas de computadora no se pueden copiar sin autorización de los autores o las empresas que los distribuyen. Sin embargo, lo que en principio es una limitación, surge como favorecedor de nuestro trabajo. Nos libera de cuestiones que no deberían ser inherentes a la formación de la ciudadanía. Es un concepto extraño el que los materiales pedagógicos no puedan ser usados libremente. Comenzó con los libros y sus prohibiciones para fotocopiar, lo que funda el criterio de ‘tenés plata accedés, no tenés plata para comprarlo, lo lamento mucho’ y posteriormente con la entrada de la informática en todos los niveles educativos. A nadie se le ocurriría que un compás o una regla no puedan ser usados y prestados, pero naturaliza la idea de que los programas ‘no deben tocarse’ y que pertenecen a un grupo que al estar en un estadio de superioridad, dominio y oscurantismo técnico; no puede ni debe ser accedido por la escuela” dice Javier Castrillo, coordinador de la Escuela San Cayetano y motor de la adopción de software libre en el CFP.

“Nuestra intención como escuela fue, desde el principio, no aceptar esa cuestión, y sin conocer el concepto de software libre, empezamos a buscar de qué manera podíamos salir del circuito “monopolio – escuela pública – cadenas – ilegalidad”. Como respuesta a la inquietud, encontramos el software libre, que además venía con estabilidad, seguridad, conocimiento construido en comunidad, ideales, altísimo nivel técnico; es decir con un valor agregado que superó nuestra búsqueda inicial. Inmediatamente pusimos la proa hacia ese objetivo, y remamos incansablemente para acercarnos a él. Toda la cuestión comunitaria, de colaboración, de solidaridad, de investigación y construcción le daban un marco perfecto a nuestra condición de escuela pública. No dudamos y tratamos de integrar esa filosofía en nuestro proyecto institucional. Entonces ya no nos importan las prohibiciones de las corporaciones, usamos software libre, lo compartimos, lo creamos y lo modificamos. Cada uno comparte sus trabajos, sus saberes y sus logros. También socializa sus dudas y problemas, y entre todos construimos la formación. ¡En nuestra escuela está bien visto el copiarse! Y está muy bien visto socializar lo que se sabe y ayudar al prójimo” enfatiza Castrillo.

Eugenia complementa las ideas: “La decisión de migrar es en sí misma una decisión importante y puede ser un proceso bastante largo. La resistencia mayor es de los adultos que suelen estar acostumbrados a lo dado, no lo cuestionan ni piensan que puedan existir opciones diferentes. Es muy común que frente a una pantalla con íconos distintos a los que suelen ver, digan que no entienden. Esto sucede porque aprendieron a utilizar programas con nombre y apellido y no a pensar en los procesos que se ponen en juego con cada acción que realizan. Sin embargo, cuando se les hace notar el tiempo que lleva su equipo funcionando sin ningún tipo de asistencia técnica, se sorprenden. Aún así, jamás migrarían sus computadoras personales porque ‘no es lo que usa todo el mundo’. Están cómodos y, desde esa comodidad, no se plantean un posible cambio. Para los chicos, en cambio, las barreras no existen. Ellos suelen aceptar los desafíos porque saben que será mas divertido y afirman cosas tales como: ‘Si sirve para lo mismo, ¿por qué no usarlo?’”.

Lamentablemente la realidad en la mayoría de las escuelas es esa: seguir en la inercia y abrazarse al miedo de cambiar lo dado, y la consecuencia concreta es que “la mayoría de los colegios están fuera de la ley, ya que usan software sin licencias, sin importarles aparentemente la contradicción que presentan ante sus alumnos. Por un lado intentan promover valores sociales y de respeto a las leyes en los estudiantes, y por otro lado usan elementos que están fuera de ese marco legal. Las corporaciones “salvan” esa aparente contradicción, “regalando” las licencias a las escuelas, pero surge entonces una segunda contradicción. La escuela está gozando de un aparente beneficio que luego no es trasladado a los estudiantes y sus familias. Ya que ellos para usar los mismos materiales que tienen en la escuela, deberán pagar por ellos o entrar en la ilegalidad” dice Javier, empecinado en la práctica de valores como eje pedagógico.

Aún cuando las corporaciones solucionen el problema de la escuela con regalos de licencias de programas, no logran salvar la barrera pedagógica “ya que no se puede estudiar su funcionamiento, ni modificarlo, ni hacer nuevas copias ni obras derivadas, por lo que la función educadora, pedagógica, de promoción de la investigación, de la curiosidad como motor, del espíritu inquieto como condición de evolución, queda cercenada por una mordaza legal que impide el desarrollo de valores fundamentales para nuestra generación y las futuras. Lamentablemente la mayoría de las escuelas parece no comprender esta situación y alegremente usan software privativo atando las educación de nuestros niños, jóvenes y adultos a las fauces de los monopolios” agrega Javier, que además de enseñar administración de sistemas GNU/Linux y diseño de páginas web con herramientas libres, mantiene cursos regulares de programación que siempre cuentan con cupo completo y escasa, o casi nula deserción.

Eugenia resume, el software libre permite:

  • elegir: entre las posibilidades que se ofrecen puedo elegir la o las que mejor se adecuen al trabajo que se desea realizar
  • colaborar: si algo no funciona correctamente tengo la posibilidad real de contactar a los desarrolladores para mostrar los fallos y ofrecer mis ideas
  • compartir: tanto las aplicaciones que cada uno usa como todo lo que se produce con ellas y a partir de ellas, ej. tutoriales, traducciones, etc
  • mejorar: el trabajo ya realizado por otros
  • ser partícipe activo del desarrollo o mejora de un programa sin tener conocimientos de programación.

Al trabajar con software libre el único límite que existe entre lo que un docente necesita y lo que se puede hacer, son los conocimientos y habilidades que posee. En algún momento comienza a pensarse como algo natural la posibilidad de modificar un programa cuando no tiene lo que se necesita y, en caso de poder hacerlo, sólo se requiere de algunos contactos para solicitar ayuda a quienes están capacitados para hacerlo generando una relación antes inexistente entre los usuarios y los productores de software sin ningún tipo de intermediario.”

Javier concluye y sintetiza la relación entre el software libre y la educación popular que practican en la escuela:
“el software libre implica necesariamente un cambio en la metodología, cambios en el posicionamiento del docente frente a los estudiantes, cambios en las actividades en el aula, implica aprender por el maravilloso premio de aprender, no por algún mecanismo de puntajes. Son muchos los cambios que el software libre aporta a una comunidad educativa, cambios que no todos los docentes están dispuestos a afrontar, por muchas razones que escapan al alcance de este comentario, pero que básicamente tienen mucho que ver con el no involucrarse y no acercarse a aguas desconocidas. Nuestra propuesta pedagógica se basa en la coherencia entre la filosofía del software libre y un proyecto institucional de inclusión, participación, fundado en valores como la socialización, la solidaridad, el compartir, la ética, el desarrollo humano, la superación, la innovación, la búsqueda de soluciones creativas a problemas reales, la formación constante, la militancia, la participación social. Son muchos los factores, el software libre y la educación popular con conciencia social son hechos el uno para el otro. No se puede pensar en uno sin considerar al otro, ya que son un conjunto, una sociedad indivisible.”

Por Javier Castrillo, María Eugenia Nuñez y Beatriz Busaniche

Este artículo forma parte del libro “Argentina Copyleft”, editado por Fundación Vía Libre y con colaboraciones de múltiples organizaciones, entre ellas, la Asociación Civil Gleducar. La obra se encuentra disponible para descarga bajo una licencia libre.

 

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