[España] Ibercivis, “ciencia ciudadana”

El BIFI (Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos, Universidad de Zaragoza) ofrece una de las formas más sencillas de colaborar con la investigación científica nacional, la popular red de computación Ibercivis. Alfonso Tarancón, secretario del Instituto y responsable directo de este proyecto, ofreció el pasado lunes en Ibercaja Zentrum –la entidad de ahorro financia en gran medida la red– una conferencia donde explicó este proyecto, en el que ya participan 25.000 usuarios. Y es que “Ibercivis es un ejemplo de la naciente ciencia ciudadana, una forma de que la sociedad participe en la investigación”. Además, esta divulgación contribuye a mantener una cifra estable de ciudadanos que acelere los cálculos.

El funcionamiento práctico de este sistema es sencillo. El usuario se descarga el software de la página del proyecto, y su ordenador pasa a formar parte de la red. Cuando el equipo no está siendo utilizado, aunque está encendido, el sistema aprovecha el ordenador para realizar cálculos de una investigación. Este proceso consume ciertos recursos, pero “en una cantidad configurable por el usuario”, aclara Tarancón. Incluso se puede elegir a qué investigación se destinan los recursos: investigación contra el cáncer, fusión nuclear, simulaciones de vidrios…

Tras esta sencillez se esconde un proceso bastante más complejo, basado en BOINC (Infraestructura Abierta de Berkeley para la Computación en Red, por sus siglas en inglés), creado en la universidad estadounidense. El grupo de investigación, o en este caso institución que va a usar BOINC se descarga la aplicación y la configura para sus necesidades, registrando su uso en los servidores internacionales. Una vez certificada, se pone en los servidores centrales, pasando a ser oficial.

La preparación del programa científico que se descargarán los usuarios es complicada, “ya que ha de adaptarse a distintos tipos de ordenadores, sistemas operativos, etc.”, aclara Tarancón. Esta es una labor a cargo del investigador, que también debe de preparar los ficheros de entrada de datos, millones de ellos para los clientes. “Supongamos, por ejemplo, que estamos investigando la física implicada en el lanzamiento de una bala de cañón. Cada ciudadano conectado estudiaría una trayectoria distinta, con un ángulo de lanzamiento, una cantidad de pólvora, rachas de viento… Y todas estas condiciones iniciales debe de proveerlas el investigador para que el ordenador calcule”.

Una vez se tiene esto, se necesita gente que se registre, y se establece una base de datos de clientes. Al tenerlos, el servidor “toma la iniciativa” y va preguntando a los ordenadores si están libres para enviarles trabajos. Si es así se los envía, y al terminar los cálculos recibe los resultados, por lo que requiere mucho espacio. “Una vez recibidos los resultados se dan distintos procesos, el más importante es el de validación, consistente en comprobar si los cálculos son correctos. Una forma sencilla de hacerlo es enviar el mismo problema a dos ordenadores y comprobar si los resultados coinciden”.

El BIFI y otras instituciones cuentan con potentes equipos, como el superordenador Janus –un ordenador dedicado, con una única aplicación pero más potente que ninguno en ella–, los clústers o la Computación de Altas Prestaciones. Siendo así, ¿por qué usar este sistema? “Porque en estos equipos se pueden realizar cálculos de los que ningún otro es capaz, pero sería un desperdicio utilizarlos en investigaciones que se pueden dividir en paquetes y enviarlos por este método”, explica el responsable.

 

El Periódico de Aragón