Software libre Sin Capataz: por un modelo de producción no corporativo

“El colectivo “Sin Capataz” desarrolla software libre y sistemas computacionales tejiendo relaciones humanas no corporativas mediante los principios del comercio justo, utilizando el conocimiento y las herramientas tecnológicas para garantizar la autonomía, propia y de quienes trabajen con ellos, respecto de las soluciones privativas comerciales.”

 

Dos jóvenes estudiantes de Ingeniería en Sistemas de la ciudad argentina de Tandil, decidieron combinar un día su militancia por el cambio social y la libertad del conocimiento con la necesidad de tener una fuente laboral. Juntos armaron un colectivo de trabajo informático que, con solo tres meses de vida, ya pudo realizar su primera labor con éxito. ¿A quién ofrecer el servicio?, ¿qué hay detrás de todo eso?, ¿qué construcción?, ¿ayudaría a alguien? «Sin Capataz», tal es el nombre del proyecto que idearon Aníbal Antonelli y Manuel Alonso, fruto de la búsqueda inicial de respuestas a esas preguntas. El colectivo desarrolla software libre y sistemas computacionales tejiendo relaciones humanas no corporativas mediante los principios del comercio justo, utilizando el conocimiento y las herramientas tecnológicas para garantizar la autonomía, propia y de quienes trabajen con ellos, respecto de las soluciones privativas comerciales. ¿Conocimiento para quién?, ¿cómo difundirlo?, ¿cómo distribuirlo?, ¿cómo producirlo?, se fueron preguntando.

«Vemos necesario que exista transparencia en la forma de producir software», cuentan desde el sitio Web que tiene Sin Capataz. Antonelli y Alonso intentan que quienes soliciten su trabajo «sean conscientes que, con su apoyo, aportan al crecimiento de un modelo de producción, en el que existe equidad en términos de esfuerzos y beneficios». Estos aportes, afirman, se obtienen mediante lazos fuertes de confianza, comunicación constante, respeto y entendimiento.

«Sabemos que las computadoras se pueden usar para un montón de cosas hoy en día y lo que tratamos justamente es que más gente pueda acceder a la tecnología, pueda acceder a ese conocimiento que nosotros estamos produciendo en la universidad y que queda medio encerrado», explica Manuel Alonso sobre la finalidad que los motiva. «Nos están enseñando eso, a encerrarlo, enfrascarlo, a hacerlo complicado. Hacer accesible la tecnología que existe hoy en día, desarrollarla, adaptarla, es lo que nos permite el software libre para que más gente pueda aprovechar eso», señala.

―¿Cómo surge el colectivo de trabajo informático «Sin Capataz»?

Aníbal.―Es algo muy nuevito que surge por una mirada crítica de lo que es el software privativo, que es el software que venden las empresas como herramienta de acumulación. Nosotros somos de Tandil y acá hay un polo informático: son un montón de empresas con un convenio con la universidad; uno está en los últimos años en la universidad y ya es muy fácil que entre en una empresa y empiece a trabajar como pasante, con todo lo que eso implica, porque si entrás como pasante entrás a un régimen de explotación accesible para las empresas. Entonces, de la experiencia personal de pasar por un par de empresas y ver esos mecanismos de explotación, que no eran algo particular de las personas, sino que es algo más sistémico, fue intentar armar algo con otras lógicas.

Manuel.―Estamos trabajando hace pocos meses, unos dos meses, tres como mucho, pero la verdad que trabajando. La idea se viene gestando hace un tiempo. Se dieron un montón de cosas, necesitábamos trabajar, no queríamos trabajar en empresas, queríamos trabajar en esto del software libre. Hace como tres meses que empezamos a ponernos de acuerdo, a charlar un montón de cosas, a tratar de producir y escribir un par de textos como para definirnos e identificarnos de a poquito.

―¿Quiénes integran el colectivo de trabajo?

Aníbal.―Nosotros, lo que buscamos, es que esto crezca. Es algo que recién empieza y por ahora somos dos personas, hay muchas personas bastante interesadas, viendo cómo avanza, y hay muchos cumpas que están cercanos. Lo concreto y lo real es que necesitamos laburar y encontrar organizaciones con las cuales laburar. Hace poquito terminamos nuestro primer laburo, muy contentos, con una organización de Neuquén que se llama 8300, un portal de noticias; por ahí se nos generan algunas contradicciones de si es laburo, si es militancia o si es una mezcla entre las dos cosas, ¿cuánto cobrar? Hay organizaciones a las cuales por ahí les cuesta mucho conseguir recursos y quedamos que ponían un banner de publicidad. Vemos que es algo que no puede quedar solo así, que tiene que crecer.

―¿Esto tiene que ver con relaciones de solidaridad, de generar lazos de comercio justo con la gente que se acerque a pedir los servicios que brindan?

Aníbal.―Sí, justamente. El mail se lo enviamos a muchas organizaciones, no solamente en Argentina: por ejemplo, sindicatos, empresas recuperadas, medios de comunicación; o sea, nosotros creemos que el software tiene que ser utilizado como una herramienta, el software libre como una herramienta para el cambio social, porque justamente permite eso, respeta la autonomía de las organizaciones, permite modificar, adaptar software en base a esas necesidades; es accesible porque le puede dar laburo a muchísimas personas sin necesidad de que pertenezcan a una organización gigante que maneje patentes y un montón de cosas; en base a esto, se pueden generar lazos de comercio justo, porque están las personas ahí, están las relaciones humanas y no son relaciones corporativas. Es algo que recién está naciendo, pero buscamos conocer gente que esté en esto del comercio justo, intercambiar experiencias. Fui a un festival de cultura libre y en una de las charlas de una cooperativa de software libre, que es Gcoop, ellos comentaban que tienen un mecanismo para utilizar otra moneda diferente, otra moneda de cambio, donde no haya escasez; que eso se estaba organizando a través de un software que es libre también. No pude hablar mucho con ellos, pero ahora es cuestión de llegar, investigar y empezar a ver si también eso puede ser una opción.

Manuel.―El tema del software libre, que es un movimiento a nivel mundial al que también estamos aportando, viene creciendo a pasos agigantados, porque, como dijo Aníbal, entendemos que es una corriente liberadora, alternativa, que nos permite independizarnos, ser autónomos, nosotros como desarrolladores, para nuestros clientes, las organizaciones con las que trabajemos. El software libre en el estado, el software libre en la educación, el software libre como modelo de software para terminar con su opositor: el software privativo, que lo único que tiende es a cerrar, a ocultar, a encerrar el conocimiento, a no compartir, a que unos pocos acumulen plata con un programa que hicieron una vez hace mucho tiempo; ahora nos vienen a hacer dependientes de eso.

―Ustedes como desarrolladores, ¿cuál es el trabajo que realizan especialmente?

Aníbal.―Nosotros somos estudiantes avanzados de la carrera de Ingeniería en Sistemas, y lo que nos enseñan es a desarrollar software en base a modelos arquitectónicos, que sería como el laburo que hace un arquitecto para construir una casa; a nosotros nos enseñan a construir software que esté bien documentado, que sea eficiente a nivel arquitectónico, todo eso. Lo que nos enseñan en la facultad es todo en base a herramientas privativas y bien orientado al mercado. Muchas veces, por nuestra cuenta, empezamos a usar software libre y a ver herramientas para el desarrollo. En este momento todo el laburo que estamos haciendo es con software libre, haciendo software y usando herramientas libres, o sea, todo lo que son el manejo de herramientas web, servidores web y todo eso; usamos PHP, Apache, que es un montón de sofware que es libre, que está muy avanzado, es muy estable y utilizamos eso.

―Cuando pensaron en crear Sin Capataz, ¿se inspiraron en alguna experiencia o idea en particular?

Manuel.―Del comercio justo ya habíamos escuchado bastante, consumido algunos productos y relacionado con algunas organizaciones, pero también conocíamos la experiencia de muchas fábricas recuperadas, pero eso tampoco era nuestro caso, no teníamos nada que recuperar, teníamos que crear algo nuevo. Por el lado del software, surgió la primera cooperativa de software libre que nombraba Aníbal, Gcoop, y ahora están surgiendo otras, eso también nos inspiró. Con el tema del software libre cuesta madurar el concepto y pensar: «Pero bueno, ¿voy a poder vivir de esto?, ¿voy a poder trabajar todos los días y comer de alguna forma? Día a día se está demostrando que se puede, que se puede crear; obviamente, nuestra experiencia de militancia también nos inspiró mucho en la forma de organizarnos, la forma de comunicarnos.

―Sin Capataz es un nombre bastante fuerte que marca una forma de organización no jerárquica, ¿cómo ha impactado en la gente a la que le han compartido el trabajo que quieren llevar adelante?

Aníbal.―Por ahora, ha gustado mucho el nombre a algunas personas cercanas que nos han dicho: «¡Uh!, que zarpados, está buenísimo». Se le ocurrió «al pira» (Manuel, el pirata), yo al principio dudé un poco, por esto de que es re-chocante, porque es como decir: «Nosotros queremos esto, listo, se acabó, esto no va a estar». A mí, por ahí, lo que me preocupaba era no tener una discusión cerrada, no tener tan claro o no saber cómo vamos a manejar lo que es marketing, o sea, nosotros necesitamos laburar; yo decía: «Bueno, esto va a chocar a alguien recorriendo Tandil, repartiendo volantes, les damos y les decimos: “Mirá, estamos haciendo software, esto es así, Sin Capataz”». Por ahí piensan: «¡Uh!, sin capataz, estos son re-anarquistas». Por ese lado la pensé un poquito, pero ya está, esto es parte de lo que creemos y lo que somos.

―¿Aspiran a que esta filosofía del software libre sea comprendida también por la gente que se acerque a trabajar con Sin Capataz?

Manuel.―Sería lo ideal que la gente que trabaje con nosotros pueda entender por qué es mejor el software libre, no solo porque le va a ser más barato, sino también porque responde a otras lógicas. Nosotros lo que tratamos de hacer, tanto para la gente con la que trabajemos o para la gente se sume, es una militancia, un trabajo de formación, de discusión, de por qué trabajar con software libre, por qué con estas lógicas de comercio justo. Estamos organizando un taller para participar en Neuquén con esta gente de la cooperativa 8300 y otras organizaciones más que también se interesan por esta cuestión del software libre; justamente, lo que vamos a hacer es un taller de formación donde vamos a aprender sobre el software libre y la cultura libre. Esto comenzó con el software, pero después se extendió a la cultura; nos vamos a dar debates como los derechos de autor, propiedad intelectual y conocimiento, ¿conocimiento para quién?, ¿conocimiento cómo?, ¿cómo difundirlo, cómo distribuirlo, cómo producirlo? Son discusiones bastante complejas, pero que nos tenemos que empezar a dar. Es otra batalla más la del conocimiento y la información, y hoy en día es bastante importante.

―¿Hay algo que les gustaría agregar o destacar?

Aníbal.―Creo que lo más importante, lo que vemos y a lo que tenemos que apuntar es a esto, a que sea una opción, que crezca y empezar a laburar en base a las necesidades que hay. Yo pienso constantemente en esto, en organizaciones, porque creo que son las que tienen un rol fundamental dentro de lo que es el campo popular y en la búsqueda de un cambio.

Manuel.―Tomar el tema del comercio justo, que es una idea que yo no tenía muy clara; aprendí bastante con esto. Es no comprarle ni venderle tampoco a cualquiera, a cualquier precio, sino charlar, trabajar en eso; a quién le estoy comprando, a quién le estoy vendiendo, qué hay detrás de todo eso, qué construcciones, a quién estoy ayudando. Comercio justo, tampoco cobrando una locura. Nosotros tratamos de cobrar lo que necesitamos para vivir y que también el que está del otro lado, el «cliente», esta palabra cliente me la inculcan en la facultad, pueda tener un software que lo va a ayudar, sean organizaciones, para difundir sus actividades, para comunicarse internamente, organizarse mejor, comunicarse hacia afuera; o en el caso de algún emprendimiento, para mejorar un poco la producción, la organización, gestión, facturación.

Por Raquel Schrott y Ezequiel Miodownik para la Agencia de Noticias Biodiversidadla